El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tomó la decisión de no renovar de forma automática el tratado comercial conocido como T-MEC, el cual mantiene con México y Canadá.
En su lugar, el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer,
explicó que las autoridades de su país prefieren
revisar el acuerdo cada año.
Esta medida rompe con la idea original de dar estabilidad a largo plazo y
busca forzar cambios bajo el argumento de que el pacto actual protege demasiado
a ciertos sectores de los aranceles o impuestos y hace muy poco por solucionar
los problemas de dinero y comercio que afectan a la economía estadounidense.
A pesar de que el presidente Trump presionó fuertemente
antes de la fecha límite del primero de julio para cambiar las reglas del
juego, el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá no va a desaparecer de la noche a la mañana.
Legalmente, el T-MEC continuará vigente durante los próximos diez años, es
decir, una década entera, siempre y cuando ninguno de los tres países decida
salirse formalmente antes de tiempo.
Ayer, al cumplirse el sexto aniversario de su entrada en vigor, existía la
posibilidad de asegurar el acuerdo por dieciséis años más, pero el gobierno de
Washington prefirió el camino de las evaluaciones anuales para presionar y
recuperar empleos e industrias en su propio territorio.
Las
consecuencias a corto plazo de esta decisión comenzarán a sentirse de inmediato
a través de un ambiente de fuerte incertidumbre y desconfianza para las
empresas que fabrican mercancías en toda la región de Norteamérica.
Al no haber un futuro seguro a largo plazo, se abren las puertas a años de
discusiones muy difíciles y peleadas sobre las reglas que controlan los
productos, los envíos y los bajos impuestos que benefician a sectores clave
para el pueblo, como los fabricantes de automóviles, los campesinos, los
agricultores y las empresas de energía.
Este nerviosismo puede provocar que
los negocios y las inversiones se detengan por el miedo a cambios
repentinos en las leyes de un año para otro.
Ante la gran duda de qué pasará cuando Donald Trump
termine su periodo en la presidencia y si el tratado original podría regresar a
la normalidad, los expertos señalan que el panorama es complejo pero viable.
El regreso a un acuerdo extendido y estable dependerá enteramente de quién
gane las próximas elecciones en la Casa Blanca y de la fuerza del Congreso
estadounidense. Dado que el T-MEC cuenta con un enorme apoyo de políticos de
todos los partidos en Estados Unidos, además de sindicatos y empresarios que
valoran la estabilidad y la riqueza que genera el comercio regional, un nuevo
gobierno con una visión diferente y más amistosa podría dejar atrás las
molestas revisiones anuales y buscar otra prórroga larga, devolviendo la
tranquilidad a los trabajadores y productores de las tres naciones.
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