Eran las 16:30 horas. La sucursal del Banco del Bienestar en Torremolinos La
Fe, en los límites de Guadalupe y Apodaca, Nuevo León, estaba por cerrar. El
bullicio de los clientes se había esfumado. Solo quedaba el silencio... y también
una alarmante vulnerabilidad.
La institución bancaria resguardaba una significativa cantidad de dinero, y la
seguridad dependía de los esporádicos rondines de la Guardia Nacional.
De pronto, dos hombres armados irrumpieron por la puerta
principal con precisión quirúrgica, sometieron a los empleados y, en un abrir y
cerrar de ojos, se llevaron un botín de 5 millones de pesos, el robo bancario más elevado de
la historia reciente de aquel Estado.
La Fiscalía inició las investigaciones de un asalto que parecía
perfecto, pero los ladrones, Armando (de 50 años) y Alexis (de 25), que eran
parientes cercanos, cometieron un grave error: empezaron a despilfarrar el
dinero y en un abrir y cerrar de ojos, tras un par de cateos en San Nicolás y Apodaca,
la policía los capturó y recuperó casi dos millones de pesos y tres autos que
ya andaban estrenando.
Pero, ¿Cómo sabían los ladrones el momento exacto de cometer el atraco, las
debilidades del banco y la ruta de escape perfecta? ¿Quién poseía los hilos de esa
obra maestra del crimen?
La respuesta no estaba en una banda internacional, sino
detrás del escritorio principal.
“Nos percatamos que hubo un desfalco con fechas
anteriores y que se pretendía robar el dinero para ocultar los hechos",
reveló el Fiscal Javier Flores.
La autora intelectual que planeó el asalto para tapar
los hoyos financieros que ella misma había cavado con anterioridad, resultó ser
Delia, de 32 años... la gerente
de la sucursal, también familiar de los asaltantes.
Hoy, la jefa y sus cómplices duermen tras las rejas, dejando claro que el
peor enemigo del banco siempre tuvo las llaves de la bóveda.
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