Cansados de los constantes asaltos a mano armada,
extorsiones y el peligro de muerte que corren los choferes, la Alianza Mexicana
de Organización de Transportistas decidió alzar la voz de la manera más
drástica posible, convocando a un paro nacional y al bloqueo de las principales
autopistas del país, para obligar a las autoridades federales a vigilar en
serio los caminos, ya que la delincuencia se ha adueñado de las rutas por donde
viaja el sustento de miles de familias.
Este gran descontento no es una sorpresa para nadie, y la
situación en las carreteras de México se ha vuelto insoportable para quienes
mueven las mercancías y los alimentos que consumimos todos los días, datos que coinciden
con los estudios y encuestas más recientes donde los propios ciudadanos afirman
que el crimen organizado, la corrupción y la falta de seguridad son los
problemas más graves y difíciles que se viven hoy en día en México.
Ya no se trata sólo de que los delincuentes roben los camiones, sino del
miedo constante con el que la gente trabajadora sale a ganarse la vida. Además
de la inseguridad, los camioneros reclaman que las casetas de cobro son
carísimas y que las carreteras están destrozadas, lo que hace que mantener un
vehículo sea casi imposible para los pequeños transportistas.
La preocupación entre las familias de todo el país
empieza a crecer, ya que un freno de esta magnitud en las carreteras puede
provocar desabasto de productos básicos en las tiendas y mercados locales. Si
los camiones no pasan, las cosas no llegan, y el peligro real es que los
alimentos y artículos de primera necesidad terminen subiendo de precio, afectando
directamente al bolsillo de la gente del pueblo.
La ciudadanía exige una solución rápida y pacífica, pues queda claro que
recuperar la tranquilidad en los caminos es urgente para que la economía del
hogar no se siga hundiendo.
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