Semarnat sepulta el proyecto Baja Bay Club en Cabo Pulmo.

 



La Paz, BCS.- En lo que juristas y ambientalistas califican como un precedente para la justicia ambiental en México, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales puso punto final definitivo al polémico desarrollo turístico e inmobiliario Baja Bay Club.

La resolución no solo enterró definitivamente el proyecto impulsado por el Fideicomiso Cabo Dorado a escasos kilómetros del Parque Nacional Cabo Pulmo, sino que desnuda algunas cuestionadas maniobras legales y omisiones técnicas con las que se pretendía construir un complejo de lujo sobre un ecosistema de altísima fragilidad.

Para entender la magnitud legal de la caída de Baja Bay Club, hay que adentrarse en la figura jurídica conocida como “Recurso de Revisión”, pues tras la polémica aprobación exprés otorgada en las últimas semanas del año 2024 por la delegación de Semarnat en Baja California Sur, diversos organismos defensores del territorio, encabezados por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental y la asociación Amigos para la Conservación de Cabo Pulmo, interpusieron dicho recurso.

La batalla legalse centró en demostrar que la Manifestación de Impacto Ambiental presentada por los desarrolladores estaba viciada de origen y plagada de falsedades técnicas.

El argumento legal más contundente que la Unidad Coordinadora de Asuntos Jurídicos de la Semarnat validó para anular el permiso fue la "fragmentación de proyectos", una práctica común, pero ilícita, en la que las empresas dividen un megaproyecto en obras más pequeñas para evadir una Evaluación de Impacto Ambiental de carácter regional.

El Fideicomiso Cabo Dorado segmentó su visión en dos iniciativas aparentemente independientes: Baja Bay Club y Hotel Bahía El Rincón, y con ello, pretendían que la autoridad evaluara los daños de forma aislada y no el impacto acumulativo y sinérgico que un hotel, cientos de villas y un campo de golf provocarían en conjunto sobre el arrecife.

La autoridad ambiental determinó que los promoventes incurrieron en omisiones graves, pues en sus estudios de impacto, la empresa negó categóricamente la existencia de cuerpos de agua en el predio de seiscientas hectáreas. Sin embargo, las inspecciones y las pruebas de los científicos locales demostraron que existen al menos tres arroyos temporales que cruzan la zona y desembocan directamente en el mar. Ocular estos cauces significaba ignorar el arrastre inevitable de sedimentos y fertilizantes del campo de golf hacia el coral en época de lluvias, lo que habría asfixiado el arrecife más importante del Golfo de California.

Además de los escurrimientos, el dictamen legal de nulidad subrayó que el diseño del complejo ignoraba por completo la vulnerabilidad de la costa frente a los ciclones tropicales y ponía en jaque la supervivencia de especies protegidas. La construcción de decenas de residencias frente a la playa invadía directamente las zonas de anidación de tortugas marinas y del gallito marino, una especie de ave costera sumamente sensible a la presencia humana y a la alteración de su hábitat.

Mientras el fallo recorría las esferas legales de la Ciudad de México y La Paz, en la pequeña comunidad costera de Cabo Pulmo la noticia fue recibida con lágrimas de alivio y abrazos contenidos. Para los poco más de cien habitantes locales que componen este antiguo pueblo de pescadores, la amenaza de Baja Bay Club no era simplemente un debate estético o político, sino una sentencia de muerte para el estilo de vida que han construido con esfuerzo durante las últimas tres décadas.

Cabo Pulmo es famoso a nivel mundial porque sus propios pobladores decidieron en la década de los noventa dejar de pescar para proteger el arrecife, logrando que la biomasa de peces se recuperara en más de un cuatrocientos por ciento. Hoy en día, la comunidad vive exclusivamente de un ecoturismo estrictamente regulado por ellos mismos. La construcción de un megadesarrollo con capacidad para miles de turistas de alto impacto amenazaba con romper el frágil equilibrio social y ecológico que sostiene su economía.

Líderes comunitarios y representantes de las coaliciones civiles expresaron que esta resolución representa un respiro profundo tras meses de incertidumbre y tensión. Afirman que el fallo valida el conocimiento que la gente local tiene de su territorio y demuestra que la conservación comunitaria puede ganarle el pulso a la especulación inmobiliaria. No obstante, los habitantes de Cabo Pulmo se mantienen en alerta permanente, conscientes de que la belleza de sus costas seguirá atrayendo el interés de grandes capitales en el futuro.

Por ahora, la Semarnat ha instruido a su oficina de representación en Baja California Sur que emita un nuevo dictamen que niegue formalmente y de tajo la autorización ambiental a Baja Bay Club, cerrando uno de los capítulos más tensos en la historia reciente de la conservación marina en el país.


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