Banquetas intransitables: La carrera de obstáculos del peatón

 




Caminar por la ciudad debería ser un derecho básico, pero en la práctica es una carrera de obstáculos que lo convierte en deporte de riesgo.

Las banquetas, diseñadas originalmente para el tránsito seguro de personas, se han convertido en zonas de invasión, y una queja ciudadana constante es la falta de rampas para personas discapacitadas, bloqueo por parte de automóviles y postes de luz atravesados, así como extensiones en rejas de cocheras que invaden el paso peatonal, con tal de que quepa el carro: Vecino que construyen “jardineras” que bloquean el paso, conductores que utilizan la acera como estacionamiento privado, y comerciantes que sacan sus mercancías a la calle.

"Si vas con una carriola o una silla de ruedas, simplemente no puedes pasar", explica un transeúnte. Esta falta de accesibilidad universal no es solo una molestia estética; es una barrera física que segrega a adultos mayores y personas con discapacidad.

La ausencia de una autoridad que sancione de manera efectiva estas invasiones ha normalizado el hecho de que el peatón sea el último eslabón en la jerarquía de movilidad.

El vacío de autoridad 

Los ciudadanos exigen que se recupere el espacio público. No basta con pavimentar; se requiere una política de "cero tolerancia" a la obstrucción de aceras. Mientras las banquetas sigan siendo tierra de nadie, la ciudad seguirá siendo un entorno hostil para quienes deciden —o no tienen otra opción más que— moverse a pie.

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