Tren Tijuana-Los Cabos, el sueño regional de 1,600 kilómetros

 


La Paz, BCS.- Para muchos habitantes de la península de Baja California, el aislamiento no es solo geográfico, sino una realidad cotidiana marcada por una carretera que, aunque legendaria, resulta insuficiente.

Por décadas, la idea de construir la vía ferroviaria por donde un "Tren Transpeninsular" recorra toda la península ha sido un gran mito, un sueño y un proyecto que aparece en cada campaña electoral, que entusiasma a los ciudadanos y que, hasta hoy, sigue acumulando polvo en los escritorios federales.

Hoy, la exigencia social es clara: ya es tiempo de retomarlo, no como una promesa de papel, sino como una deuda histórica de conectividad para una región que aporta miles de millones al PIB nacional a través del turismo y la industria.

El proyecto prácticamente difundido hace algunos años en todo el país, desde una conversación entre el actor Damián Alcázar y el entonces diputado Miguel Torruco Garza, no solo defiende la viabilidad del tren, sino que propone una visión binacional audaz: Alcázar aseguraba: "Yo pondría un tren desde San Diego para que los gringos se suban también, hasta Los Cabos, tocando todos los puntos maravillosos que tiene esa península. Si eres buen catador, te llevarían al Valle de Guadalupe, o a Mulegé... te llevarían a comer delicioso, y meterías a ese Estado en una bonanza económica tremenda que en verdad necesita. Que maravilloso estar en ese desierto, que tiene muchas variantes, y que si eres observador disfrutas de noches con cielos totalmente estrellados, y que decir de los hoteles, podrían crecer económicamente".

El actor subrayó que esta obra debe ser una prioridad de continuidad para el país, enfatizando que, aunque es un reto monumental, es necesario para rescatar el transporte de pasajeros y detonar la economía hotelera, siempre con un estricto cuidado ambiental: "Evidentemente, cuidando por donde pasa, sin destruir, porque el desierto es hermosísimo".

A pesar del entusiasmo, el proyecto ha enfrentado el muro de la burocracia federal, y ningún gobierno ha dado el "sí" definitivo debido a la magnitud de la inversión y la complejidad técnica.

  • Costo Estimado: Entre $140,000 y $200,000 millones de pesos.
  • Tiempo de Construcción: Se proyecta un periodo de 4 a 6 años.
  • Los Inversionistas: Al ser un proyecto de alta rentabilidad turística pero alto riesgo infraestructural, se plantea un esquema de Inversión Privada con Concesión Federal. Consorcios de Estados Unidos, Canadá, España y China han mostrado interés.
  • ¿Qué piden a cambio? Concesiones de operación de hasta 50 años, derechos de vía comerciales para crear "nodos logísticos" y centros comerciales en las estaciones, y garantías de seguridad jurídica para recuperar la inversión mediante el flete de carga.

La conexión ferroviaria entre Tijuana y San José del Cabo permitirá la operación de un tren de pasajeros de alta velocidad, que operará con energías limpias generadas por centrales eléctricas construidas específicamente para este fin y su recorrido beneficiará a las siguientes estaciones: Estación Tijuana, Estación Ensenada, Estación San Pedro Mártir, Estación San Quintín, Estación Bahía de Los Ángeles, Estación Guerrero Negro, Estación Santa Rosalía, Estación Loreto, Estación Ciudad Constitución, Estación La Paz Estación Todos Santos, Estación Cabo San Lucas y la Estación San José del Cabo con la capacidad de transportar diariamente a 25 mil pasajeros, el proyecto no solo contribuirá a la movilidad regional, sino que también al turismo en la zona, pero, el mayor obstáculo, más allá del dinero, es la fragilidad de la tierra, un trazo de 1,600 kilómetros afectaría de manera distinta a cada región:

  • Tijuana, Rosarito y Ensenada: El reto es la gentrificación y el uso de suelo. En el norte, la preocupación radica en el desplazamiento de comunidades y la presión sobre el Valle de Guadalupe.
  • San Quintín: Riesgo de fragmentación de terrenos agrícolas y afectación a los humedales costeros.
  • Mulegé: Es la zona más vulnerable. El tren atravesaría la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, hogar del berrendo peninsular. El ruido y la vibración son los principales enemigos.
  • Loreto y Comondú: La construcción en la Sierra de la Giganta requeriría túneles que podrían alterar los flujos de agua subterránea que alimentan los oasis.
  • La Paz y Los Cabos: La presión recae en los servicios básicos. Un tren traería un aumento masivo de población y turismo en zonas donde el agua dulce ya es un recurso crítico.

A inicios del 2026, la administración de la presidenta Claudia Sheimbaum informó que se dará prioridad a la modernización de la Carretera Transpeninsular (ampliándola de 7 a 12 metros en tramos críticos) como una solución inmediata, sin embargo, para los ciudadanos que ven pasar los años entre baches y accidentes, la carretera es solo un paliativo.

El verdadero salto al siglo XXI, como bien señaló Alcázar, está sobre rieles.

Llevar una vía férrea de doble propósito (carga y pasajeros) a través de la accidentada geografía de la península no es solo un reto de ingeniería, sino un desafío financiero de proporciones titánicas.

Hasta ahora, el gobierno federal ha priorizado proyectos como el Tren Maya o el Corredor Interoceánico, por lo cual, el Tren Transpeninsular sigue viéndose como un proyecto de alto riesgo político debido a la baja densidad poblacional en los tramos centrales del desierto, lo que complica el retorno de inversión social inmediato.

"Es un proyecto que cada sexenio se desempolva, se le toma la foto y se vuelve a guardar. El costo ambiental es el pretexto, pero el costo político del financiamiento es el verdadero freno", señalan analistas de infraestructura.

La pregunta sigue en el aire: ¿Será este el sexenio donde el "brazo poderoso" de México finalmente escuche el silbato del tren, o seguirá siendo un paraíso aislado por el desierto y la falta de voluntad política. (Con información de Amado BERNALES ROJAS)


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