La paciencia de la población paceña se agotó, la indignación
ciudadana contra el Organismo Operador Municipal del Sistema de Agua Potable,
Alcantarillado y Saneamiento (OOMSAPAS) llegó en medio de un verano terriblemente
caluroso, con temperaturas que rozan los 46 grados centígrados, y una parálisis
operativa que convirtió la vida cotidiana de la población en una verdadera
prueba de supervivencia.
Las excusas
burocráticas y los pretextos sobre el clima ya no frenan los reclamos de los
vecinos, quienes señalan directamente a los directivos del ayuntamiento por la
falta de previsión, la ineficiencia técnica y la incapaz gestión de la
infraestructura hídrica de la capital sudcaliforniana.
Las cifras oficiales revelan una red pública fragmentada e
incapaz de cumplir con los requerimientos básicos. La directora general de la
Comisión Estatal del Agua (CEA), Tatiana Davis Monzón, admitió que solo el 50
por ciento de los residentes paceños dispone de un flujo continuo. La otra
mitad de la ciudad subsiste atada a esquemas de tandeo que no se respetan en lo
absoluto. Mientras la funcionaria reconoce que años atrás la cobertura constante
alcanzaba al 60 por ciento de las familias, la ciudadanía percibe ese desplome
como la prueba irrefutable del abandono sistemático en las instalaciones del
municipio.
A la falla estructural se sumó el reciente fuera de servicio
de ocho pozos de abastecimiento.
Según la versión del director general de OOMSAPAS, Abimael Ibarra Abúndez, los estragos de tormentas eléctricas y averías en la red de energía provocaron la pérdida abrupta de 25 millones de litros diarios, lo que representa cerca del 20 por ciento del suministro general.
Sin embargo, en las colonias el malestar no apunta a la tormenta, sino a la inexistencia de planes de contingencia. La presión en las tuberías se redujo a hilos imperceptibles o a días enteros de sequía total, forzando a miles de personas a esperar desveladas el agua prometida en tandeos que rara vez llegan a tiempo.
El abandono resulta todavía más evidente para el 4 por
ciento de la población que ni siquiera se encuentra conectada a la red de
tuberías. Al no contar con el servicio de tandeo, estas comunidades dependen
del reparto en pipas del organismo municipal. Cuando estos camiones fallan o
aplican entregas discrecionales, los ciudadanos deben volcarse al mercado
privado. Ahí, la especulación de los particulares impone tarifas dictadas por
la desesperación, cobrando sumas exorbitantes por llenar un tinaco o una cisterna,
un gasto insostenible para la mayoría de los bolsillos.
Esta ineficiencia operativa ocurre dentro de una emergencia
climática con consecuencias fatales.
Con dichas sensaciones térmicas sofocantes y registros
térmicos extremos, la Secretaría de Salud federal y las autoridades locales ya
contabilizan decenas de afectaciones severas en la entidad y al menos dos
fallecimientos confirmados por golpe de calor en esta temporada.
La falta del recurso elemental para consumo, aseo e
hidratación en las viviendas agrava la vulnerabilidad urbana, dejando a la
población a merced de las altas temperaturas mientras las respuestas
institucionales continúan llegando con cuentagotas.
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