La Paz y Los Cabos, los peores evaluados del país en agua y recolección de basura

 



LA PAZ, BCS. — Los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) emitida por el INEGI arrojan un duro diagnóstico para Baja California Sur, derribando la narrativa oficial sobre la eficacia de los servicios públicos municipales, luego de evidenciar que las áreas urbanas de La Paz y Los Cabos hunden las métricas de servicios básicos en el estado.

La evaluación recae directamente sobre estos dos motores demográficos que albergan a más del 80% de la población, mismas que arrastran los promedios estatales a niveles críticos, evidenciando que el colapso en agua y basura es un mal de carácter metropolitano que posiciona a la entidad entre las peor evaluadas del país.

El retroceso más drástico e inédito se registró en la recolección de basura, un rubro históricamente blindado por una percepción aceptable que sufrió un severo deterioro operativo. Mientras estados como Coahuila o Nayarit lideran los índices de eficiencia con coberturas oportunas, la media península cayó al fondo de la tabla e incluso por debajo del promedio nacional. En Los Cabos, la incapacidad para cubrir las rutas de colonias populares y asentamientos recientes disparó las quejas por desechos en la vía pública. Paralelamente, en La Paz, las constantes “fallas mecánicas” en los camiones y las deficiencias en las rutas urbanas terminaron por pulverizar la aprobación que presumía la capital, igualando la percepción de abandono institucional del sur.

En materia de agua potable, el panorama confirma una crisis estructural crónica donde Baja California Sur comparte el sótano nacional junto a Guerrero con el suministro más deficiente de México.

La encuesta revela que apenas tres de cada diez ciudadanos consideran que el servicio es constante, exhibiendo el fracaso del sistema de tandeos ante sequías artificiales prolongadas. En Los Cabos, aquejado por un crecimiento poblacional desmedido, los ciudadanos reportaron tandeos severos donde el recurso llega apenas unas horas a la semana, consolidándose como el epicentro de la crisis hídrica. La Paz no se quedó atrás, pues sus habitantes mantuvieron una severa desaprobación hacia la constancia del flujo y desconfianza absoluta en la pureza del agua.

Por lo anterior, existe un desplome generalizado en la confianza hacia los ayuntamientos de La Paz y Los Casbos, al perder su ventaja en basura y consolidarse en el último lugar en distribución de agua, el estado encara una crisis de gestión urbana sin precedentes donde la ineficacia local ya pasó factura directa a la calidad de vida.

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